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Junio es quizás uno de mis meses favoritos. No, no es porque el año escolar casi termina (¡hurra!). Me encanta el hecho de que podemos celebrar a los padres en su día. A diferencia de muchos en este mundo loco, yo he crecido rodeada de padres buenos y rectos. El mío siempre ha sido un hombre dulce, lento para airarse y pronto para amar. Me ha enseñado mucho e incluso ahora nos deleitamos en aprender juntos algo nuevo.

Cuando me casé fui bendecida con otro padre, el padre de mi esposo. Él también es un hombre bueno y dulce, siempre dedicado a servir a otros, un rasgo que ha transmitido a sus hijos. Siempre que lo veo recibo de él un abrazo y un beso y escucho un “te quiero” de sus labios.

Y luego está mi esposo. Comparte conmigo cinco hermosos hijos, y me maravillo del hombre extraordinario que es, y de cómo me cuida a mí y a sus pequeñitos. Tiene dos agotadores trabajos para que yo pueda quedarme en casa con los niños, y también sirve como un obispo mormón (líder en nuestra Iglesia local). Aun con estas actividades que requieren mucho tiempo, lo he visto ir mas allá de su agotamiento para leerle un libro a uno de nuestros hijos, escuchar los problemas de otro, o ayudar a algún otro a decir sus oraciones. Con todos estos asombrosos ejemplos en mi vida, no es difícil para mí compenetrarme con cierto padre del cual leemos en el Libro de Mormón-otro testamento de Jesucristo. Estoy hablando en particular de Alma.

Alma desperdició gran parte de su vida viviendo en maldad. El rey de la tierra donde vivía se deleitaba en el pecado, animando a todos bajo su reino a hacer lo mismo. Alma era un sacerdote en la corte del rey, una posición elevada y respetada.

Algo sucedió que ayudó a Alma a alejar su vida del pecado: un hombre llamado Abinadí. El era un profeta de Dios que vino a su tierra con un mensaje. Las personas necesitaban arrepentirse, o perecerían. Abinadí perdió su vida por traer este mensaje a las personas, pero no fue en vano. Alma creyó en sus palabras, y comenzó a predicar, ayudando a muchos de los súbditos del rey a volver a los caminos de Dios.

La vida de Alma cambió para siempre. Se convirtió en líder espiritual en la Iglesia del Señor, pero había un asunto importante que preocupaba su mente. Su hijo, también llamado Alma (conocido también como Alma hijo), era un joven malvado. Alma hijo rechazó las creencias de su padre y trabajó diligentemente para alejar de la Iglesia del Señor a todos los que pudiera.

Tal vez Alma vio mucho de su anterior condición en su hijo. Quizás sabia, más de lo que Alma hijo podría jamás imaginar, del precio que se paga por cada pecado. Una cosa sí sabemos. Alma nunca se dio por vencido con su hijo. Por causa de esto, un milagro ocurrió.

Mientras Alma hijo viajaba con algunos de sus amigos, un ángel se les apareció.

“Y dijo además el ángel: He aquí, el Señor ha oído las oraciones de su pueblo, y también las oraciones de su siervo Alma, que es tu padre; porque él ha orado con mucha fe en cuanto a ti, para que seas traído al conocimiento de la verdad” (Mosíah 24:14, cursiva agregada)

Alma amaba a su hijo, a pesar de las cosas malvadas que éste había hecho. Nunca había dejado de orar por su hijo descarriado.

Algunos de ustedes leyendo este artículo puede que tengan un hijo, una hija, un buen amigo, o juventud preciada a la cual enseñan, que ha perdido su camino. Si hay algo que podemos aprender del ejemplo de Alma es que siempre hay esperanza. Estas almas perdidas puede que no sean visitadas por ángeles. Sin embargo, se les dará la oportunidad de arrepentirse y regresar al Señor.

Estoy segura que Alma hijo creció rodeado de padres buenos y rectos. Sin embargo, él tenía su propio albedrío y recibió la oportunidad de elegir su propio camino. Así como yo. Así como todos. Si usted, tal y como este joven, ha escogido un camino difícil y ahora se encuentra deseando regresar, recuerde esto: en su vida probablemente hay muchos padres-así como madres, maestros, amigos, hermanos, etc.- que oran por usted cada día. Que milagro, la fe de un padre.

Por Laurie Walker el 3 de junio de 2008.

Hace uno días, Gordon B. Hinckley, Presidente y Profeta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, falleció. Yo estaba reunida con unos amigos cercanos cuando recibí la llamada, informándome de su muerte. Cuando transmití a mis amigos la noticia, el silencio se apoderó de la habitación. Mientras observaba nuestro pequeño grupo noté ojos llenos de lágrimas y semblantes tristes.

No puedo describir con palabras el gran significado que el Presidente Hinckley ha tenido en mi vida. Siempre tendré en mi corazón sentimientos de amor, honor, y gratitud por él por el resto de mi vida.

Estaba en mi adolescencia cuando él fue llamado a ser Profeta, probablemente la razón por la cual el Presidente Hinckley tiene tan gran impacto en mi vida. Aún me veo sentada en una audiencia llena de jóvenes cuando el oró por nosotros. Recuerdo haber visto el video llamado “Testigos Especiales de Cristo” y escucharle y verle, así como al resto de la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles al compartir solemnemente sus testimonios sobre la vida, divinidad y el propósito del Señor Jesucristo. Siempre se preocupó por la juventud, y los adultos solteros de la Iglesia, y del mundo en general. Recuerdo incontables discursos ofrecidos con la esperanza de fortalecernos, inspirarnos, y guiarnos para que pudiésemos ser todo para lo cual fuimos creados. Uno de mis favoritos fue el discurso de las “Seis B” (más tarde añadió tres más).

Muchas veces en mi vida se me ha preguntado (con frecuencia por adulto solteros) ¿para qué necesitamos un profeta en la tierra? Cuando me encuentro con esta honesta y sincera pregunta, trato de explicar que para mí un Profeta Viviente es la muestra de amor de un Dios a quien le importamos. Un Profeta es un hombre llamado por Dios para declarar Su palabras, expresar Sus advertencias, y ser Su testigo para llevar a todo hombre a Cristo.

Cuando digo lo anterior, mis amigos me dicen que para eso tenemos escrituras las cuales contienen la palabra de Dios, la cual nos lleva a Cristo, entonces, ¿para qué necesitamos más? En una ocasión, mi mente se afianzó de una lección que mi madre me había dado durante mi niñez. La lección extrañamente tenía que ver con faros.

Siempre me ha fascinado y confundido el concepto de los faros. Me imagino una noche tormentosa, y un barco perdido en el mar tratando de encontrar un puerto seguro. Y justo en el momento en que esta apunto de darse por vencido, el capitán ve una luz poderosa en medio de la oscuridad. El sabe que tierra y seguridad están cerca. He aquí donde mi imaginación y entendimiento me fallan. Sólo por el hecho de que él sabe que tierra está cerca, no significa que él está seguro.

¿Cómo es que una luz puede guiarle a través de los peligrosos arrecifes y encontrar el camino seguro hacia el puerto? Sabiendo que mi madre creció en Hawaii, cerca de Puerto Perla (Pearl Harbor), pensé que ella podía tener una explicación. Y sí la tenía. -Existen dos faros-, me dijo ella, -Los cuales son suficientemente poderosos para atravesar la oscuridad y advertirles a los navegantes que tierra está cerca-. Sin embargo, yo tenía razón. Un solo faro no tenía la habilidad de guiar el barco hacia la seguridad del puerto. Ese era el trabajo de la segunda luz, la cual siempre se encuentra en lo alto de una colina. Una vez que el capitán encuentra la primera luz, él busca la segunda. Cuando encuentra ambas, todo lo que tiene que hacer es alinear los dos faros y éstos le enseñan el camino seguro a seguir.

Esta historia me enseñó por qué es que necesitamos un profeta. Somos como barcos perdidos en tumultuosos mares de la vida tratando de encontrar el camino seguro para llegar al puerto de Dios. En medio de la tormenta no podemos ver los peligrosos arrecifes. NO podemos ni siquiera ver si estamos en la dirección correcta. Si no recibiéramos ayuda, nos perderíamos con seguridad. Me imagino el Espíritu de Dios como un Faro poderoso. La luz del Espíritu atraviesa la oscuridad y brinda la esperanza de que tierra está cerca. Entonces, detectamos la segunda luz sobre la colina, la cual yo veo como el Profeta. Esta luz no es un reemplazo de la luz del faro, sino una adición para ser usada en conjunto con el faro.

Estoy muy agradecida por la bendición de tener un Profeta de Dios, quien en conjunto con el Espíritu Santo, me muestra el camino seguro de regreso a mi hogar celestial. Ahora puedo aventurarme a los océanos de la vida con confianza, esperanza y paz.

Todos estos pensamientos cruzaron por mi mente en el momento preciso en que recibí la noticia del fallecimiento del Presidente Hinckley. Sentí dolor, pues lo voy a extrañar más de lo que puedo decir. Sin embargo, después de unos momentos, sentí paz y gozo, pues se que el Presidente Hinckley vivió una vida plena y ahora se reunió con sus seres amados, incluyendo a su amada esposa Marjorie. No tuve ninguna consternación, pues sé que el siguiente Profeta será llamado por Dios y ha sido preparado para tomar el lugar del Presidente Hinckley como Profeta Viviente de Dios en la tierra. Él será inspirado y digno de cumplir con esa gran responsabilidad. De esto estoy segura, tal y como sucedió con Josué, el profeta que reemplazo a Moisés, que Dios estará con nuestro nuevo Profeta.

Por Julia Goff el 31 de enero de 2008.

En el Cristo Viviente: El testimonio de los doce apóstoles leemos, “Este es el camino que lleva a la felicidad en esta vida y la vida eterna en la vida venidera.” Pero, ¿cómo podemos encontrar este camino? Y una vez que lo encontremos, ¿cómo hacer para mantenernos en él?

Como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (o mormones) creemos en el tercer artículo de Fe, y el artículo número cuatro que dice: “Creemos que los primeros principios y ordenanzas del Evangelio son:

1-Primero, fe en el Señor Jesucristo.

2- Segundo, Arrepentimiento

3- Tercero, Bautismo por inmersión para la remisión de los pecados

4-Cuarto, Imposición de las manos para otorgar el Espíritu Santo”

¿Cómo puede la fe en el Señor Jesucristo ayudarnos a encontrar el camino que lleva a la felicidad? Para contestar esta pregunta debemos comprender que si no hubiese sido por un Salvador perfecto quien entregó su vida por nosotros, la remisión de nuestros pecados no seria posible. Lehi, un profeta del Libro del Mormón enseñó que …ninguna carne puede morar en la presencia de Dios, sino por medio de los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías…” (2 Nefi 2:8)

A continuación, debemos arrepentirnos de nuestros pecados y renunciar a ellos para siempre. El arrepentimiento no sólo abarca un cambio de acciones sino también un cambio del corazón. El Señor dijo, “He aquí, ésta es mi doctrina: quienes se arrepienten y vienen a mí, tales son mi iglesia.” ( D&C 10:67).

En su discurso “Un cambio de corazón” el presidente Ezra Taft Benson dijo: “Si deseamos arrepentirnos verdaderamente y venir a Él para que podamos ser llamados miembros de Su Iglesia, primeramente debemos comprender esta verdad eterna: El Evangelio es el plan de felicidad. La maldad nunca lo fue, no lo es y nunca será felicidad. La violación de las leyes de Dios solamente brinda miseria, tristeza y oscuridad” (Liahona, Octubre 1989).

En las escrituras leemos de aquellas personas cuyas vidas cambiaron de forma dramática una vez que se arrepintieron. Para la mayoría de nosotros, el arrepentimiento no trae resultados tan asombrosos. No deberíamos menospreciarnos o asumir que somos menos valiosos únicamente porque no experimentamos tales experiencias. El presidente Benson dijo “Hay cientos y miles de personas que encuentran el proceso de arrepentimiento casi imperceptible, y sencillo.” Día a día estas personas viven una vida llena de bondad y servicio, tratando de vivir como Dios pide. No sean como los lamanitas a quienes el Señor dijo “…así como los lamanitas fueron bautizados con fuego y con el Espíritu Santo al tiempo de su conversión, por motivo de su fe en mí, y no lo supieron.” (3 Nefi 9:20)

El Salmista exclama:

“¡Oh cómo amo su Ley!…a través de sus mandamientos me ha hecho más sabio que mis enemigos. Su palabra es una lámpara para mis pies, y luz en mi camino…Su testimonio he tomado por herencia por siempre: Porque en esto se regocija mi corazón” (Salmo 119:97-98, 105, 111).

Oro porque puedan encontrar regocijo en su corazón. Por favor, no sea duro con usted mismo si falla en escuchar a los ángeles cantando, o la voz del mismo Dios asegurándole que ha sido perdonado por sus pecados. Tenga Fe. Crea. Sepa que su Salvador dio su vida por usted y todo lo que requiere es que viva por medio de la fe, del conocimiento, del arrepentimiento y no pecar más. Su Padre en los Cielos desea su felicidad, por lo que ha preparado el camino para usted. Si lo sigue, si tiene fe en El, y se arrepiente de sus pecados, encontrará el camino que lo llevará a la felicidad.

Por Ali Cross el 13 de febrero de 2008.

El poder para sanar

Jesucristo, durante su ministerio en la tierra, “Recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”. (Mateo 9:35) También les dio la autoridad para sanar enfermos, y otros poderes del sacerdocio a sus discípulos. Un ejemplo de esto se encuentra en el Nuevo Testamento, donde Santiago dice, “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará. (Santiago 5:14-15)

Nuestro Padre Celestial ama a todos Sus hijos. Están incluidos aquellos que vivieron en la Tierra Santa durante el ministerio de Cristo sobre la tierra, así como también todos nosotros en la tierra hoy. El sacerdocio, o el poder para actuar en el nombre de Cristo, ha sido restaurado a la tierra. En 1829, José Smith recibió el sacerdocio, conferido por medio de la imposición de manos por mensajeros angelicales: Juan el Bautista, Pedro, Santiago y Juan de los Doce Apóstoles originales de Cristo.
José Smith, con su ordenación del sacerdocio, también recibió la autoridad de organizar y presidir sobre la iglesia de Cristo en la tierra. Esta es la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, o “los mormones”. Hoy día los poseedores del sacerdocio deben ser miembros dignos de la Iglesia y apartados por medio de la imposición de manos por alguien que ya posee el sacerdocio. De esta manera, cualquier línea de sacerdocio puede ser trazada de vuelta a esos seres celestiales que ordenaron a José Smith, y luego hasta Cristo mismo.

El sacerdocio trae también el poder de bendecir y sanar a los enfermos y afligidos. De acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia, los poseedores del sacerdocio que son dignos, tienen el poder para sanar a aquellos que tienen la fe para ser sanados. La persona que está enferma debe ejercitar fe en el poder de Jesucristo…Las personas no siempre se sanan después de una bendición del sacerdocio, pero nuestro Padre Celestial contesta nuestras oraciones de la mejor manera para nosotros. Él sabe que algunas personas pueden hacerse más fuertes y aprender a vivir con sus enfermedades y sus incapacidades. Otros no son sanados porque no es la voluntad de nuestro Padre Celestial.

Las bendiciones del sacerdocio pueden ser una fuente de consuelo para aquellos que están enfermos. Mediante nuestra fe, y de acuerdo con la voluntad del Señor, las personas pueden ser sanadas de sus aflicciones. Esta es otra bendición maravillosa de nuestro Padre Celestial que siempre está consciente de nuestras necesidades.

Por Katie Parker el 14 de febrero de 2008.

El bautismo es algo que es común en muchos grupos cristianos a través del globo. Muchos están a favor del método de “aspersión” mientras otros cristianos, como los mormones, usan el método de “inmersión” como fue el bautismo de Jesucristo.

El bautismo por inmersión en agua por uno que tenga la autoridad es la primera ordenanza salvadora del Evangelio y es necesario para un individuo para llegar a ser un miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y recibir la salvación eterna. Todos los que buscan la vida eterna deben de seguir el ejemplo del Salvador de ser bautizados y recibir el don del Espíritu Santo. En otras palabras, cuando usted sale del agua usted está limpio de cada pecado y es como un recién nacido, fresco y nuevo. Es en ese preciso momento que será el ser más perfecto de lo que será desde su nacimiento. Es un sentimiento alegre, aunque el acontecimiento en mi vida tuvo lugar hace tiempo.

El Presidente Lorenzo Snow, el quinto profeta llamado en estos tiempos modernos, habló de su bautismo y de las esperanzas que habían dentro de él:

Fui bautizado por élder John Boynton, entonces uno de los Doce Apóstoles, en junio de 1836, en Kirtland, Ohio. Previo a aceptar la ordenanza del bautismo, en mis investigaciones de los principios enseñados por los Santos de los Últimos Días (mormones), lo que comprobé por comparación que eran los mismos que aquellos mencionados en el Nuevo Testamento enseñados por Cristo y Sus Apóstoles, yo estaba completamente convencido que la obediencia a esos principios conferirían poderes milagrosos, manifestaciones y revelaciones. Con la esperanza de este resultado, recibí el bautismo y la ordenanza de la imposición de manos por uno que profesaba tener autoridad divina; y rendía obediencia a estas ordenanzas, estaba en constante expectación del cumplimiento de la promesa de la recepción del Espíritu Santo. La manifestación no siguió inmediatamente a mi bautismo como yo esperaba. (Lorenzo Snow, como lo cita Preston Nibley, “The Presidents of the Church”, (los Presidentes de la Iglesia) Deseret Book, 1945).

Esta no es una respuesta poco común, aún para un futuro profeta de Dios. A veces pasa un tiempo antes de que sintamos la completa manifestación del Espíritu Santo en nuestras vidas. En un momento cuando estamos buscando honestamente la verdad con sincera oración, ah sí, la influencia del Espíritu Santo se sentirá como un suave murmullo en su corazón que se extiende por su cuerpo entero. O puede sentirse como una sensación de rectitud y verdad. El Espíritu Santo se manifiesta en muchas, muchas maneras… pero todas ellas identificables.

El Presidente continúa diciendo:

Después de dos o tres semanas después que me bauticé, un día mientras estaba ocupado en mis estudios, empecé a reflexionar sobre el hecho que no había obtenido un conocimiento de la verdad de la obra – que no se había realizado el cumplimiento de la promesa, “aquel que hace mi voluntad conocerá de mi doctrina”, empecé a sentirme muy inquieto. Dejé a un lado mis libros, salí de la casa y anduve deambulando a través de los campos bajo la influencia opresiva de un espíritu melancólico y desconsolador, mientras que una indescriptible nube de oscuridad parecía envolverme. Había tenido la costumbre, al final del día, de retirarme para orar secretamente, a una arboleda a corta distancia de mis habitaciones, pero en esta ocasión no sentí el deseo de hacerlo. El espíritu de oración había partido y los cielos parecían de bronce sobre mi cabeza.

Finalmente, dándome cuenta que la hora de orar secretamente había llegado, concluí no iría al servicio de la tarde, como una formalidad, me arrodillé por hábito, en mi lugar privado de costumbre, pero tenía el sentimiento al cual estaba habituado. Tan pronto abrí mis labios en un esfuerzo para orar, cuando escuché un sonido, justo arriba de mi cabeza, como un susurro de túnicas de seda; e inmediatamente el Espíritu de Dios descendió sobre mí: envolviendo mi persona completamente, llenándome desde la coronilla hasta la planta de mis pies, ¡oh, qué gozo y felicidad sentí!

Ningún idioma puede describir la transición casi instantánea de estar en una densa nube de oscuridad mental y espiritual a la luz refulgente y de conocimiento, que Dios vive, que Jesucristo es el Hijo de Dios, de la restauración del santo sacerdocio, y de la plenitud del Evangelio. Fue un bautismo completo. (Ibíd.)

Así el Presidente Snow describió su propia experiencia en sentir el Espíritu Santo por primera vez. La responsabilidad específica del Espíritu Santo es de testificar la verdad, toda la verdad. Y como Lorenzo Snow de mala gana se arrodilló a orar, los cielos se abrieron y la verdad le fue testificada en una forma tangible y dramática.

A veces cuando esperamos la zarza ardiente o la separación del Mar Rojo a fin de que Dios demuestre estar allí, no recibiremos nada. Aquellos que piden señales no tienen un verdadero testimonio de Dios o un entendimiento de Su misión y propósito en las eternidades. Pero… hay una manifestación del Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, que se siente casi cada vez que buscamos reconocer la verdad. Para mí, es una calidez y seguridad que se extiende por mi cuerpo y mi aceptación mental de la verdad, testificándome sin un pensamiento consciente. Es decir, no me digo a mi misma:

“Bueno, estoy lista. Dale.”

Mi espíritu escucha el testimonio del Espíritu Santo y conscientemente reconoce la realidad de la verdad por medio del intercambio espiritual de conocimiento.

Como el profeta Moroni prometió en el último capítulo que escribió antes de enterrar las planchas y huir de sus enemigos:

“He aquí, quisiera exhortaros a que, cuando leáis estas cosas, si Dios juzga prudente que las leáis, recordéis cuán misericordioso ha sido el Señor con los hijos de los hombres, desde la creación de Adán hasta el tiempo en que recibáis estas cosas, y que lo meditéis en vuestros corazones.

Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo,

Y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas.”( Moroni 10:3-5)

En todo tiempo y en todas las cosas el Espíritu Santo testificará de la verdad. Después del bautismo, realizado por alguien con autoridad, el don del Espíritu Santo es conferido sobre usted. En este momento usted hace una elección, vivirá su vida de tal manera que usted puede tener la compañía constante del Espíritu Santo, vivir a la altura de los convenios que ha hecho con Cristo y dar los primeros pasos en ese viaje a nuestro hogar celestial, o regresar a sus viejos hábitos apartándose de todo lo que se le acaba de dar.

El Espíritu Santo será su compañero y consolador, como lo describió Jesucristo, guiándole a través de esta jornada traicionera que llamamos mortalidad. Quizás no reciba una manifestación repentina y magnifica de su presencia, pero si ora y escucha silenciosamente, preguntando por claridad o un testimonio de la verdad, lo sentirá mientras le testifica.

Este es un don precioso que el Señor dejó con los primeros santos cuando Él ascendió al cielo. El Presidente Joseph F. Smith dijo de su propia experiencia:

“…la influencia y poder del Espíritu Santo que experimenté cuando me hube bautizado para la remisión de mis pecados. El sentimiento que vino sobre mí fue de paz pura, de amor y de luz. Sentí en mi alma que si había pecado – y seguramente no estaba sin pecado- que me habían sido perdonados; que en realidad estaba limpio de pecado; mi corazón fue tocado, sentí que no dañaría al insecto más pequeño debajo de mis pies. Sentí que hasta quería hacer lo bueno en todas partes a toda la gente y a todas las cosas. Sentí una nueva vida, un nuevo deseo de hacer lo que era correcto. No hay ni una partícula de deseo por el mal en mi alma”. (Joseph F. Smith, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Reporte de la Conferencia, Abril 1898 66).

Esto es, el Espíritu Santo, el tercer miembro de la Trinidad, testifica de la verdad…aun del reconocimiento de la pureza de nuestros espíritus viviendo en esta realidad física. Es un don de Dios, una brújula si así fuera, para que podamos ser guiados cuidadosamente en nuestra jornada a casa.

Por Candace Salima el 17 de marzo de 2008.

Templos de Dios

Los templos de Dios se extienden en la tierra de costa a costa y a través del globo, 136 han sido construidos o están en construcción. Tanto como las sinagogas del antiguo Israel, estos templos contienen verdades sagradas y preciosas las cuales son reveladas a aquellos que son dignos de recibirlas.

El Presidente Gordon B. Hinckley, el profeta viviente, vidente y revelador de Dios, y Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Iglesia Mormona) dijo sobre los templos:

“La obra que se lleva a cabo dentro de los templos presenta los propósitos eternos de Dios para con el hombre, que es Su progenie y creación. En su mayor parte, la obra del templo concierne a la familia, a cada uno de nosotros como miembros de la familia eterna de Dios y como miembros de una familia terrenal. Además, concierne a la naturaleza santa y eterna del convenio del matrimonio y de las relaciones familiares.

Esta obra testifica que todo ser humano que nace en este mundo es hijo o hija de Dios y viene en parte investido de la naturaleza divina del Padre. La repetición de estas enseñanzas básicas y fundamentales surte un efecto benéfico en los que las reciben, porque, al enunciarse la doctrina en un lenguaje hermoso y solemne, el participante llega a comprender que, por ser todos hijos del Padre Celestial, las demás personas son también miembros de la familia divina y, por lo tanto, todos son sus hermanos.” (¿Por qué tener templos?, Gordon B. Hinckley.)

Mi esposo y yo fuimos sellados en uno de estos templos, el Templo de Bountiful, localizado en Bountiful, Utah en los Estados Unidos de América.

¿Por qué nosotros escogimos vivir nuestras vidas de tal manera de ser dignos de entrar en un templo del Señor y casarnos? Simplemente porque sabíamos que dentro de las paredes de ese santo y sagrado templo, por aquel que tiene las sagradas llaves del sacerdocio nos uniría por tiempo y eternidad.

Nosotros, mi esposo y yo, como dijo el Presidente Hinckley, estamos llenos de un destello divino. Al nutrir nuestros testimonios, estudiar el evangelio de Jesucristo y aprender los aspectos eternos de nuestras naturalezas, nos amamos tanto que quisimos ser sellados por toda la eternidad, no sólo por este breve momento que llamamos mortalidad. Así que vivimos por los principios del evangelio, prácticas y preceptos para que fuéramos dignos de entrar al templo.

El Presidente Hinckley continúa:

“¿Habrá algún hombre que verdaderamente ame a una mujer, o una mujer que verdaderamente ame a un hombre, que no desee con todo su corazón que su relación continúe más allá de la tumba? ¿Ha habido padres que al enterrar a un hijo no hayan anhelado recibir la seguridad de que éste volvería a pertenecerles en el más allá? ¿Puede alguien, que crea en la vida eterna, dudar de que Dios no concedería a Sus hijos e hijas el atributo más preciado de esta vida, que es el amor que halla su expresión más viva en las relaciones familiares? No. La razón exige que esas relaciones familiares continúen después de la muerte. El corazón humano las anhela y el Dios de los cielos ha revelado la manera de lograrlo. Las ordenanzas sagradas de la Casa del Señor proporcionan ese medio.

“Sin embargo, todo eso parecería muy injusto si las bendiciones de esas ordenanzas sólo estuvieran al alcance de los que ahora son miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Lo cierto es que la oportunidad de asistir al templo y de participar de sus bendiciones está al alcance de todo aquel que acepte el Evangelio y se bautice en la Iglesia. Por ese motivo, la Iglesia lleva a cabo un vasto programa misional en gran parte del mundo y continuará expandiéndolo tanto como sea posible, porque tiene la responsabilidad, delegada por revelación divina, de enseñar el Evangelio “a toda nación, tribu, lengua y pueblo”. (¿Por qué tener templos?, Gordon B. Hinckley.)

Así que este es el propósito de los santos templos de Dios los cuales han sido construidos por todo el mundo: Para unir las familias, redimir a nuestros muertos (realizando las ordenanzas salvadoras por ellos, las que no pudieron hacerlo en vida) y aumentar nuestros testimonios y conocimiento del evangelio de Jesucristo.

Por Candace Salima el 27 de noviembre de 2007.

En 1996 el Presidente Gordon B. Hinckley, el décimo quinto profeta en estos tiempos modernos, se sentó con el reportero, Mike Wallace para tener una entrevista sin precedentes. Discutieron una variedad de temas, pero en particular, el señor Wallace le preguntó sobre la situación de la nación.

Mike Wallace: “Desde la Segunda Guerra Mundial, parece que nos estamos astillando; parecemos estar siendo más egoístas, más egocéntricos, menos preocupados por la comunidad. Las familias parecen no importar mucho y la moralidad se ha ido al infierno [su expresión] en una canasta. ¿Por qué?”

Gordon B. Hinckley: “El fracaso básico está en nuestros hogares. Los padres no han dado la altura de sus responsabilidades. Es evidente. Una nación no llegará más alto que la fortaleza de sus hogares. Si usted quiere reformar una nación, debe empezar con familias, con padres que enseñen a sus hijos principios y valores que son positivos y acertados, y los llevarán a esfuerzos que valen la pena. Ese es el fracaso básico que ha ocurrido en Estados Unidos de América. Estamos haciendo un gran esfuerzo para traer mayor solidaridad en las familias. Los padres no tienen responsabilidad más grande en este mundo que el criar a sus hijos en la manera correcta, y no tendrán mayor satisfacción con el pasar de los años que ver a esos hijos crecer en integridad y honestidad y hacer algo de sus vidas. …” (Gordon B. Hinckley, “This Thing Was Not Done in a Corner,” “Estas cosas no fueron hechas en un rincón” Ensign, Liahona, Nov 1996, 48)

El Presidente Hinckely se refirió a un problema crítico que enfrentamos en Estados Unidos, en realidad en todo el mundo, hoy día. La sociedad se está desmoronando. Ahora, en esta ocasión, el Presidente Hinckley no entró en más detalle, pero en un discurso previo dirigido a la membrecía general de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, frecuentemente referidos como los mormones, dio instrucciones específicas de sobre como darle un giro a la sociedad en una generación o dos.

Cuatro cosas sencillas, que creo vale la pena repetir:

Dejar que los padres y los hijos (1) enseñen y aprendan bondad juntos, (2) trabajen juntos, (3) lean buenos libros juntos, y (4) oren juntos.” (Gordon B. Hinckley, “Four Simple Things to Help Our Families and Our Nations,” “Cuatro simples cosas que ayudan a nuestras familias y naciones” Liahona, Jun 1996, 3)

Por mucho tiempo Dios ha sido expulsado de las familias estadounidenses, de la sociedad y del gobierno. Sin embargo, Patrick Henry, uno de los patriotas estadounidenses más tenaces en nuestra batalla por la independencia de Gran Bretaña, dijo:

“No se puede enfatizar muy fuertemente ni muy menudo que esta gran nación fue fundada, no por religiosos sino por cristianos, no en religiones pero en el Evangelio de Jesucristo. Por este mismo motivo, a personas de otras fes se les ha concedido asilo, prosperidad, y libertad de adoración aquí.” (Patrick Henry as quoted by Robert W. Pelton, America: A Christian Nation? Here Are the Facts, “¿Una nación cristiana? Aquí están los hechos” 2008).

George Washington dijo:

“Es imposible gobernar justamente una nación sin Dios y la Biblia.” También dijo, “Permitámonos con precaución consentir la suposición que la moralidad puede ser conservada sin religión. La razón y la experiencia, ambas nos prohíben esperar que la moralidad nacional prevalecerá excluida del principio religioso.”

Un profeta de Dios ha dicho que si oramos como familia, junto con las otras tres cosas, podemos darle un giro a la sociedad. Entonces, señor Wallace, aquí está la respuesta llena y completa a su pregunta.

La oración es uno de los dones más bellos que nuestro Padre Celestial nos ha dado. A través de este medio se nos permite pedir al Dios del Universo en cualquier momento, día o noche, 365 días al año. Él nunca está muy cansado, frustrado u ocupado para escucharnos derramar toda la confusión, dolor, frustración, aun el gozo, amor y felicidad que nuestros corazones mortales pueden retener. Si pedimos, Él nos guiará, protegerá (a menos que sea nuestro tiempo de partir o que tengamos algo que aprender) e inspirarnos. Le agradezco, profundamente, por este hermoso don.

Una familia que se arrodilla en oración sincera y de corazón, en la mañana y la noche, será una familia más unida con lazos eternos. Oh sí, los problemas llegarán, pero la oración es una protección como pocas.

Entonces está nación, abriéndose en las costuras, vuélvase a Dios y recuerde que Aquel que le dio la vida le aguarda.

Por Candace Salima el 8 de marzo de 2008.

Trabajé como una co-animadora y productora en un programa asociado de radio de las 7 de la noche a la medianoche en Charlotte, North Carolina, más o menos por la época de las Olimpiadas de Invierno en Salt Lake en 2002. “The Nite Show” – como era llamado – cubría noticias y entretenimiento locales, programado con música. Inevitablemente, el animador del programa empezó un corto de radio sobre poligamia y nosotros (como cada miembro de la comunidad de entretenimiento) bromeamos sobre la práctica pasada de la Iglesia. En particular, sabía un poco sobre los mormones porque estuve saliendo con él que ahora mi esposo y él había sido un miembro inactivo de la Iglesia desde que tenía12 o 13 años. Así que sabía un poco sobre ella.

Así que en el trabajo esa noche – tal como cada noche – recibimos llamadas telefónicas durante la música y los comerciales, una llamada llegó personalmente para mí. En el otro lado de la línea había un muchacho quien estaba conduciendo a través de un área del norte de donde se encontraba la estación de radio. Dijo que era miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y me oyó en el aire. Me preguntó que porqué estaba haciendo chistes de los mormones. Recuerdo que le respondí algo así “¡Oiga! Mi esposo solía ser un mormón – ¿por qué no ustedes conducen sus bicicletas hasta mi puerta?” El muchacho que llamaba me dijo que si quería alguien en mi puerta él lo podría arreglar. Hablamos unos minutos, era un muchacho agradable así que le di mi número de teléfono celular.

En retrospectiva, era extraño que me hubiera sentido lo suficientemente cómoda con un extraño en el teléfono para darle mi número personal. Ahora creo que fueron los susurros del Espíritu que me hicieron querer saber más acerca de lo que él estaba hablando.

Después de eso, el programa de radio terminó al final de la noche, me olvidé de la llamada. Unos días después los misioneros llamaron y sorprendí a mi esposo al decirle que quería saber más sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Tenía muchas preguntas como, “¿De dónde venimos?”, “¿A dónde vamos cuando morimos?”, “¿Por qué hay tantas religiones en el mundo?”, “¿Existe Dios?”Si existe, ¿por qué Dios tuvo profetas en el Antiguo y Nuevo Testamento, pero no para nosotros ahora? ”. Los misioneros contestaron estas preguntas (el plan de salvación dio la respuesta a todas ellas) y más, fue como resolver un rompecabezas. El Libro de Mormón tuvo sentido completo para mí. Además – admitiéndolo – en ese tiempo inicial de mi conversión tenía que obtener un fuerte testimonio del trabajo de José Smith, el Libro de Mormón habló a mi corazón.

“Creed en Dios; creed que él existe, y que creó todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra; creed que él tiene toda sabiduría y todo poder, tanto en el cielo como en la tierra; creed que el hombre no comprende todas las cosas que el Señor puede comprender.” (Mosíah 4:9)

El mensaje asombroso que La iglesia de Jesucristo había sido restaurada fue humilde – pensé que sabía mucho de la Iglesia. A pesar de eso, todavía me sentía como una importante hija de Dios que recibió el mensaje que Él había enviado. Me bauticé unas semanas después.

Estoy agradecida al decir que desde que me uní a la Iglesia, he obtenido un testimonio de José Smith así como un testimonio de la Expiación y parece continuar creciendo y desarrollándose.

Recientemente estuve en una reunión de ayuno y testimonios, un hombre joven se paró y fue al estrado. Nos dijo que estaba de visita de otro barrio. Testificó sobre como las pequeñas decisiones inspiradas pueden hacer grandes cambios para bien. Nos dijo que una noche cuando estaba conduciendo su auto, escuchando la radio, y se sintió impulsado de llamar al disc jockey para preguntarle porqué ella se estaba burlando de los mormones. El joven dijo que había oído que ella se había bautizado y era miembro de la Iglesia SUD. Mi esposo y yo nos miramos con incredulidad. Después de la reunión, fui y me presenté a mi misma al hombre quien tomó esa pequeña decisión de llamarme, la cual al final, trajo a mi familia de regreso a la Iglesia.

Sé que Dios me ama porque han ocurrido en mi vida coincidencias como ésta. Él nos da a todos nosotros la habilidad inherente de reconocer los dulces dones del Espíritu y La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días nos anima a fortalecerlos.

“…de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” (Efesios 1:10)

Por Freddi Hammer el 27 de noviembre de 2007.

La mayoría de nosotros ha visto a un niño de dos años enojado. Ya sea en casa o en una tienda, estos pequeñitos pueden armar un buen espectáculo cuando están enojados. Fruncen el ceño, mueven la cabeza y golpean el piso (o cualquier otra superficie) y gritan y gritan y gritan.

Me siento mal por las madres que están en las tiendas durante estos episodios. Quiero acercarme a ellas y ayudar de cualquier forma que me sea posible. ¡Es difícil ser un padre paciente cuando éste es el décimo berrinche del día y ahora hasta tú tienes ganas de armar uno!

Toma tiempo enseñar a los hijos verdades como estas: “No toques la estufa, te quemarás”, “No corras enfrente de ese carro, te lastimarás” etc.

Cuando crecen nuestros hijos, los retos y peligros que se enfrentan se profundizan en seriedad. Por ejemplo, ahora decimos, “No tomes alcohol, destruirá 10,000 células de tu cerebro por cada onza que tomas.”

El hijo responde con una mirada que dice: “Mama, no sabes de lo que hablas.”

Ustedes han leído los estudios. Conocen los peligros. Y reconocen cuánto quieren que sus hijos les escuchen. Han vivido varias décadas y saben por qué hablan. ¿Cómo hacer para que nuestros hijos escuchen? Porque si escuchan, ¡tal vez eviten sufrir más que nosotros!

Una buena manera de comenzar es leer las escrituras con ellos todas las noches (o cada mañana, dependiendo en el horario del niño). Algunos piensan que los de dos a cinco años son muy pequeños. Esto es un error. Espere mucho tiempo con mi segunda hija para comenzar a leerle las escrituras. Cuando ella ya era suficientemente grande (según mi manera de pensar) y traté de leer con ella, ella pensó que era aburrido.

Comparen esto con mi primer hijo. Le leía las escrituras 30 minutos en la mañana Y APARTE 30 minutos en la noche, comenzando cuando tenía 18 meses. ¡Hoy le encantan sus escrituras!

Los niños son mucho más capaces de lo que podemos suponer. Lamento el día que decidí “tomar las cosas despacio” con mi hija. Ella tenía problemas enfocándose y simplemente no creía que ella escuchaba cuando trataba de leerle versículos de las escrituras. Otra vez, en verdad lamento haberlo dejado hasta más tarde. Puedo ver una diferencia en su nivel de interés y ahora estoy tratando de recuperar mi falta de esfuerzo.

El antiguo profeta americano, Nefi, enseñó algo similar, cuando le habló a sus hermanos que daban la impresión de que no se preocupaban por las cosas de Cristo:

“Ahora bien, mis hermanos, si vosotros fuerais justos y desearais escuchar la verdad y prestarle atención, a fin de andar rectamente delante de Dios, no murmuraríais por causa de la verdad, ni diríais: Tú hablas cosas duras en contra de nosotros.” (1 Nefi 16:3)

Nefi nos da importantes verdades en este pequeño párrafo: nuestra disposición de escuchar la verdad, endereza nuestros caminos—en esencia, caminamos más rectamente ante Dios. Esto hace que no murmuremos debido a la verdad.

Debo mencionar que mi hija tiene un gran corazón. Ella es una alegría en mi vida. Ella ama lo bueno. Pero lo que estoy tratando de dar a entender es que porque ella no tuvo tiempo para escuchar las escrituras, desde sus primeros años, es más difícil que las entienda ahora.

Si queremos ayudar a nuestros hijos a escuchar la verdad, debemos empezar con ellos desde su infancia. Debemos comenzar cuando están comenzando a hablar. De hecho, desde antes sería mejor. ¿Por qué no comenzar a leer las escrituras en voz alta desde que el niño está en el vientre?

Otra vez, si a un niño se le enseña desde su infancia, aumenta la probabilidad de que no se apartará de la verdad y no murmurará por causa de ella. No se me ocurre una manera más eficaz de compartir esa verdad que el sentarse con ellos y leer juntos—aun a los más jóvenes. Hagan que sea un tiempo cariñoso. O mientras leen, que los más pequeños pinten dibujos de lo que están escuchando.

Lo que esto hace es aclimatar a los niños a la verdad—la verdad de Dios. Entonces, si más tarde en su adolescencia, cuando están más dispuestos a hacer un berrinche parecido al de un niño de 2 años, pueden recordarle las verdades de las escrituras que escucharon mientras crecían.

Sin importar la manera en que lo enfrente, ¡aquí hay un enlace a las escrituras en línea gratis!

Por Cindy Bezas el 29 de febrero de 2008

Cuando alguien nos ha lastimado a nosotros o a alguien que queremos, nos sentimos enojados. A veces sentimos angustia. Estas emociones pueden ser tan profundas y tan difíciles que pensamos si algún día sentiremos alegría otra vez.

Recuerdo cuando el esposo de una buena amiga fue golpeado y abandonado para morir al lado de una carretera desolada. Si no hubiera sido por el milagro de que alguien lo encontró, mi amiga hubiera sido viuda con varios niños pequeños.

Este tipo de accidente es difícil de entender. Mi esposo y yo perdimos un bebé debido a la enfermedad de muerte infantil repentina. Mi esposo perdió su trabajo poco después de la muerte de nuestro bebé. He tenido tres abortos. Hemos tenido otros desafíos. Supongo que sería fácil reclamarle a Dios: “¿Por qué nos estás haciendo esto?”

Pero en mi experiencia, no es que Dios “nos esté haciendo esto.” Es algo completamente diferente. Hay una escritura que me ayuda a entender una perspectiva mucho más profunda. No es una perspectiva fácil, pero esa una perspectiva que me ayuda a ver más allá de lo que normalmente podría ver.

Primero un marco histórico. Lehi fue un antiguo profeta americano. Sus enseñanzas se encuentran en el Libro de Mormón. Lo que dijo acerca del sufrimiento fue muy instructivo.

“Porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas. Pues de otro modo, mi primer hijo nacido en el desierto, no se podría llevar a efecto la rectitud ni la iniquidad, ni tampoco la santidad ni la miseria, ni el bien ni el mal. De modo que todas las cosas necesariamente serían un solo conjunto; por tanto, si fuese un solo cuerpo, habría de permanecer como muerto, no teniendo vida ni muerte, ni corrupción ni incorrupción, ni felicidad ni miseria, ni sensibilidad ni insensibilidad.” (2 Nefi 2:11)

Los profetas hablan las cosas como las ve Dios. Lo que este profeta, Lehi, enseñó es que sin la oposición, no puede suceder nada bueno. Entonces, si toda la oposición dejara de existir, el bien también dejaría de existir. Lehi enseña que la creación de nuestro planeta y del ser humano no tendría propósito. Otra vez, un pensamiento profundo, pero un pensamiento importante si debemos nuestra existencia en la vida y nuestras experiencias. Lehi continúa diciendo:

“Por lo tanto, tendría que haber sido creado en vano; de modo que no habría habido ningún objeto en su creación. Esto pues, habría destruido la sabiduría de Dios y sus eternos designios, y también el poder, y la misericordia, y la justicia de Dios.” (2 Nefi 2:12)

En otras palabras, al desear no tener que pasar por momentos difíciles, estoy deseando por un mundo que estaría en contra de la sabiduría de Dios. Cuando dudo, ¡estoy insinuando que sé mejor que Dios mismo!

“Y si decís que no hay ley, decís también que no hay pecado. Si decís que no hay pecado, decís también que no hay rectitud. Y si no hay rectitud ni felicidad, tampoco hay castigo ni miseria. Y estas cosas no existen, Dios no existe. Y si no hay Dios, nosotros no existimos, ni la tierra; porque no habría habido creación de cosas, ni para actuar, ni para que se actúe sobre ellas; por consiguiente, todo se habría desvanecido.” (2 Nefi 2:13)

A veces creo que la manera más fácil de entender estas cosas es cuando pienso en una amiga que tenía cáncer. Diez años después de su experiencia, dijo que su enfermedad era la única manera de aprender lo que aprendió de sí misma, su tenacidad etc. He escuchado a otros decir cosas parecidas. Claro no tuvieron esta perspectiva DURANTE la prueba, pero el tiempo tiene su manera de ensanchar el entendimiento. ¡Es este tipo de sabiduría, el que estos amigos han logrado a través de sus desafíos, al que se refería Lehi!

Claro, cuando alguien nos ha lastimado o ha lastimado a alguien que queremos, nos sentimos enojados. Claro que a veces sentimos angustia. El Señor entiende nuestras emociones. Estas emociones pueden ser tan profundas y difíciles que dudamos que algún día nos sentiremos de buen ánimo otra vez. Pero al buscar a Dios y leer de las escrituras que Él nos ha dado, lograremos una perspectiva más amplia de lo que Dios tiene para nosotros. ¡Y algún día podemos llegar a ser como mi amiga, que dijo que su desafío fue la única manera de ganar la valiosa sabiduría que tiene!

Para leer más de las palabras de Lehi, siga este enlace al Libro de Mormón.

Por Cindy Bezas el 29 de febrero de 2008

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