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Archive for 17 octubre 2008

Vivir nuestra religión

Esto lo tomé de un discurso de la Conferencia General de 1998. Elijo, como mi texto, el Artículo de Fe Nº 13: ‘Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres; en verdad, podemos decir que seguimos la admonición de Pablo: Todo lo creemos, todo lo esperamos; hemos sufrido muchas cosas, y esperamos poder sufrir todas las cosas. Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos’. Hermanos, el Espíritu de Cristo que hemos tomado sobre nosotros, ¿ejerce influencia en nuestra conducta laboral? Brigham Young dijo: ‘Deseamos que los santos aumenten su virtud hasta lograr que, por ejemplo, nuestros mecánicos sean tan honrados y veraces que esta Compañía Ferroviaria pueda decir: ‘Consigamos a un élder ‘mormón’ como maquinista y así nadie tendrá temor de viajar, porque si él percibe algún peligro adoptará las medidas necesarias para preservar la vida de aquellos cuyo cuidado se le confía’. Yo quisiera ver que nuestros élderes sean tan honrados de tal forma que esta Compañía los prefiera como mecánicos, guardas, maquinistas, secretarios y gerentes. Si vivimos nuestra religión y somos dignos de ser llamados Santos de los Últimos… (Leer más)

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Todos lo hemos oído. Tal vez lo hayamos dicho.  “Si tan solo pudiera ganar un poco más de dinero – entonces yo sería feliz.”  Así que trabajamos fuertemente, sacrificando el tiempo  que pasamos con nuestra familia, rehusando sal ir de vacaciones, todo en un esfuerzo por ser los mejores en nuestro empleo y ganar más dinero. Muy a menudo, lo que hacemos da resultados y obtenemos lo que queremos; a veces no resulta y nos echan a un lado para darle a otro la posición o el aumento en sueldo que nos habíamos prometido a nosotros mismos.  Sin importar el resultado de nuestro sacrificio, la cosa que es una constante es que descubrimos que en realidad, no somos más felices. Generalmente terminamos un poco menos que felices. Pensamos en los días en los cuales estábamos recién casados, los días que no teníamos mucho, pero, ah, éramos felices. ¿Éramos felices porque todo era nuevo? ¿Un nuevo amor, una nueva vida juntos? ¿O éramos felices porque había menos responsabilidades, menos exigencias económicas, y, por lo tanto, menos exigencias sobre nuestro tiempo?  Hoy día, “la afluencia está arriba, pero la felicidad está abajo, como lo indican los índices de divorcio…” dice  Lynn G…. (Leer más)

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